sábado, 30 de enero de 2016

Natalia Romero. Nací en verano.




Absorbo sus poemas como una taza de café deliciosa. Ocurre que me meto en su vida con ésa realidad tierna y dulce que nos muestra. Cada uno de sus poemas es un pequeño relato de su añorada infancia y adolescencia. Pareciera que su libro es en realidad, un diario íntimo que la acompaña desde hace años para hacerle recordar de dónde viene, quién es y hacia dónde va. Su poesía es el reflejo de sus miedos, sus recuerdos intactos, sus esperanzas.

 

Tus cosas

Dejé la casa y no recuerdo cuando fue.

No se adonde fui tampoco.

Dejé la casa y nunca abrí el placard.

No me metí en tus cosas.

Nunca quise tocarlas.

Nunca quise tocar tu ropa.

Dejé los aros las pulseras

la cajita de música con la cuerda rota

las cartas en los cajones

el álbum los zapatos

las remeras el maquillaje los adornos.

¿Alguien habrá tirado tu cepillo de dientes?

La vecina dijo que guardaría todo para mí

para cuando mi hermana y yo

quisiéramos volver a tener algo tuyo.

El día en que le dije que los óleos pastel

que me mostraba eran de mi mamá

ella insistió en que no era así

dijo haberlos comprado en una feria hacía unos años

pero yo conocía esos crayones magenta y ese rojo rubí

gastado más que los demás colores de la caja.

Nunca más volví a la casa de la vecina.

Tampoco a la casa en la que vivíamos con mamá.

El único contacto que tuve con los objetos

fue tirarlos en bolsas de color oscuro o madera

a escondidas, durante años

a la hora de la siesta

en la casa de los abuelos.

Lo que más me costó

fueron esas pantuflas rosas

que usabas cuando estabas enferma.

La abuela insistía en guardarlas

ella veía algo tuyo

yo veía todo lo ajeno.



II
Ella camina adelante, él
se queda parado frente a un árbol
de flores recién brotadas.
Ella no se da vuelta para mirarlo, pero sabe
que se detuvo: no salta más la tierra
detrás suyo, haciendo nubes rojizas
no ruedan las piedritas del camino
con el arrastre de sus zapatillas de lona.
Él levanta la vista, ella está en el centro de la vía
y flamean los volados de su vestido azul.
Su figura se hace cada vez más chiquita,
pasa una camioneta con ovejas y cabras
y levanta todo el polvo de la ruta
hasta desdibujar las líneas que bordean el camino.

Aguacero
Cuando pasamos el río Sauce Grande

la ruta es toda de niebla
si seguimos el sendero del agua
llegamos a la playa.
Hay lagunas de lluvia
por el camino
el campo se vuelve océano.
Pienso que puedo morir ahora.
Vemos solo líquido que nos cubre
creemos estar al refugio en el auto que nos lleva.
El agua es un cuerpo inmenso 
no se corta, nunca sangra.
Adelante un auto hace luces intermitentes
rojo amarillo rojo
la cortina de agua lo cubre todo. 
Seremos libres
devueltos por la tormenta
sin más abrigo que la lluvia.
Caen sapos del cielo me dijo mi abuelo
yo los ví.
Había olor a mar. 




Natalia Romero nació en 1985 en Bahía Blanca. Estudió Ciencias de la Comunicación en la UBA. Sus poemas fueron publicados en varias antologías y revistas. Creó la librería virtual "A cien metros de la orilla" dónde difunde y vende poesía de autores contemporáneos argentinos. Dirige talleres literarios en San Telmo. En 2011 publicó su primer libro "Elijo". "Nací en verano" es su segundo libro. Fue publicado en 2014 por la Editorial "El ojo del mármol".

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